Una carta abierta, desde el teclado de siempre
He pasado decenas de miles de horas
en mundos que solo existían con palabras.
Me llamo Jose. Desde los catorce años, cuando el módem sonaba como quien
se aclara la garganta antes de una historia larga, he vivido dentro de
MUDs — mundos de texto, hechos a partes iguales de imaginación, amigos y
madrugadas. Ahora que la vida me ha concedido el tiempo que entonces me
faltaba, quiero devolverles algo. Construir uno nuevo.
Accesible, hermoso, y abierto a quien quiera narrar conmigo.
Descubre Genesis MUD
La historia
Las primeras decenas de miles de horas
Antes de que hubiese vídeos que explicasen cualquier cosa, antes de los
gráficos fotorrealistas y las voces dobladas, hubo un prompt parpadeante
en una pantalla verde. Un prompt y una decisión: hacia dónde caminar.
Con eso bastaba para que un mundo entero cobrara sentido.
Mis primeras amistades reales — las de verdad, las de llamarnos por el
nombre fuera del juego — nacieron dentro de un MUD. Nos contábamos
planes de ataque por canales de clan, pero también cómo nos había ido
el examen, o que aquella chica del instituto nos miraba raro. Aprendí a
leer rápido porque la sala siguiente tenía un monstruo. Aprendí a
escribir despacio porque un compañero necesitaba que le explicara la
ruta sin errores.
Pasaron los años. Cambiaron los MUDs, los servidores, las personas.
Algunos ya no están — murieron jóvenes, emigraron, o sencillamente se
apagaron. Pero siguen conmigo cada vez que cierro los ojos y escucho el
rumor de una taberna imaginaria en la que alguien pregunta si hay
alguien vivo por aquí. Siempre lo hay.
Durante mucho tiempo pensé que el MUD era un puente entre la niñez y
otra cosa, algo que se dejaba atrás. Me equivocaba. Es un hogar de
verano que no se quema nunca: vuelves, y la silla sigue ahí. La risa,
también.
Hoy trabajo con software a todas horas. Durante años he construido
sistemas críticos — facturación, banca, infraestructura —, todos
serios, todos funcionales, todos lejos de aquellas noches en las que
escribía mirar norte y me imaginaba el bosque. Ahora por
fin tengo tiempo para cerrar el círculo: voy a escribir mi
propio MUD, y quiero hacerlo bien.
Quiero un mundo donde quepan todos los que siempre cupieron en los MUDs
— incluidas las personas que los clientes modernos han dejado fuera por
olvido o por prisa.
Porque un MUD, bien hecho, es de las pocas formas de arte interactivo
que es naturalmente accesible: el texto es el motor. Un lector de
pantalla lee un MUD como lee un libro. Una persona con movilidad
reducida juega tan bien como la que más, porque nadie corre. La
imaginación pone el resto. Pero los clientes modernos — obsesionados
con el color, los mapas y los atajos — suelen estropearlo. Yo quiero
que esto no pase. Quiero que el Enter baste.
Este sitio — web.blamethebeast.com — es la crónica de ese
viaje. Aquí iré contando cómo crece Genesis MUD, la filosofía que lo
guía, y cómo puede cualquiera sumarse a contar sus propias historias.